INFLUENCERS AL CONGRESO: ¿NUEVOS LIDERAZGOS O MARKETING POLÍTICO?

 



En las próximas elecciones legislativas, varios creadores de contenido buscan dar el salto al Congreso.


¿Estamos ante una renovación política o ante una nueva estrategia de marketing electoral?


El 8 de marzo es una fecha políticamente muy importante para Colombia. Ese día no solo se define parte del rumbo político del país, sino que elegimos el Congreso de la República, es decir, a quienes integrarán uno de los poderes públicos más importantes: la rama legislativa.


Y quiero empezar por ahí, porque con el paso de los años, hemos subestimado la importancia de elegir bien el Congreso.


Muchas veces los ciudadanos concentramos toda la atención en la elección presidencial, mientras dejamos en segundo plano algo igual o incluso más determinante: quiénes van a legislar, debatir y aprobar las leyes que rigen nuestra vida social, económica y política.


No se nos puede perder del radar que el Congreso no solo discute leyes; también ejerce control político, aprueba el presupuesto del país y puede impulsar o frenar muchas de las propuestas del gobierno de turno.


En otras palabras, buena parte de lo que ocurre en Colombia pasa inevitablemente por este escenario.


Sin embargo, como ciudadanos solemos poner mucho más énfasis en elegir presidente que en preguntarnos,


¿qué tipo de personas queremos sentadas en el Congreso tomando decisiones por nosotros?


Por eso quiero detenerme en un fenómeno que cada vez se hace más visible en la política colombiana: la llegada de influencers como candidatos al Congreso.


El problema actual: popularidad vs preparación



Durante muchos años se ha criticado y con razón, la política tradicional.


Se habla de corrupción, clientelismo y una profunda desconfianza ciudadana, lo que inevitablemente ha provocado que muchos jóvenes se alejen de los partidos políticos e incluso de la democracia misma.


Sin embargo, este rechazo abrió la puerta a algo muy interesante y paradójico: nuevas figuras sin trayectoria política comenzaron a aparecer como alternativas.


Pero el problema no es necesariamente que no tengan carrera política, de hecho, podría ser positivo que nuevas voces llegaran al Congreso desde el trabajo social o desde liderazgos comunitarios reales.


El problema aparece cuando estas figuras provienen principalmente del mundo de la creación de contenido, donde la visibilidad y el alcance digital se convierten en el principal capital político.


Ser popular en redes no es lo mismo que tener experiencia en debates legislativos, conocimiento jurídico o capacidad para formular proyectos de ley sólidos.


Y es aquí donde surge una pregunta legítima como votantes:


¿estamos eligiendo a políticos que puedan representarnos positivamente o simplemente figuras populares de internet? Abro debate.


El salto del contenido al poder



Hoy en día las redes sociales tienen un poder enorme. 


Un influencers o creador de contenido, puede tener millones de seguidores y una capacidad impresionante para movilizar audiencias.


Lo anterior resulta, para muchos partidos políticos, algo sumamente atractivo, representando una oportunidad estratégica, ya que no se puede obviar que la visibilidad digital se convierte en una herramienta poderosa para atraer votantes jóvenes que quizá nunca se interesaron por la política.


Pero he aquí donde aparece el riesgo: la popularidad digital empieza a convertirse en capital político, es decir, se empiezan a desdibujar el análisis entre las propuestas, la formación o la experiencia, aquí lo que realmente importa es el número de seguidores, los “likes” o la capacidad de viralizar contenido.


Ahora, si bien es cierto que detrás de cada congresista suele existir un equipo técnico: asesores jurídicos, analistas, estrategas políticos, etc., aun con este respaldo, la pregunta sigue siendo válida:


¿Están realmente preparados estos influencers para sostener debates legislativos complejos, defender proyectos de ley y enfrentar la dinámica real del Congreso?


Porque para llegar a una institución tan importante se necesita mucho más que buenas intenciones o una audiencia grande en redes sociales.


Además, no debemos olvidar que dentro del Congreso se maneja un mundo político muy distinto al que vemos en noticias o redes sociales.


Allí se necesita otro tipo de discurso, negociación y estrategia si se quiere que una propuesta legislativa avance… o no termine hundida.


Casos que ilustran el fenómeno


El caso del Dr. Rawdy


Un ejemplo reciente es el del médico conocido en redes como el Dr. Rawdy, muy popular en plataformas como Tik Tok.


Durante años este querido y reconocido médico, ha construido una audiencia fiel, interesados en temas de salud y promoviendo el cuidado médico desde sus redes sociales. 


En ese sentido, su trabajo de divulgación es valioso y ha logrado conectar con muchas personas.


Sin embargo, su salto a la política plantea una pregunta legítima: más allá de denunciar problemas del sistema de salud, ¿Qué trayectoria política o legislativa respalda su aspiración al Congreso?


Denunciar irregularidades es importante, pero legislar implica algo mucho más complejo.


Formular proyectos de ley, debatirlos, defenderlos jurídicamente y navegar una estructura política donde las decisiones no dependen únicamente de la buena voluntad.


Aquí surge una duda razonable: ¿estamos frente a un candidato preparado para ese nivel de responsabilidad y de debate o frente a una figura popular utilizada como gancho electoral?


¿Por qué hablo de “gancho electoral”? Porque la política tradicional está perdiendo fuerza. Los mismos partidos han generado un profundo descontento entre los ciudadanos al prometer demasiado y cumplir muy poco.


En ese contexto aparece un fenómeno interesante: los creadores de contenido comienzan a funcionar como una especie de “caballo de Troya” político.


A través de ellos, los partidos tradicionales buscan reconectar con nuevas generaciones de votantes y, al mismo tiempo, abrirle espacio a otros candidatos menos conocidos que vienen detrás en las listas.



Este es el contenido del médico e influencer con el cual hace presencia digital, base que utilizará para ingresar al escenario electoral.




JP Hernández: el influencer que sí logró llegar



Otro caso interesante es el de JP Hernández, quien ya es senador y también proviene del mundo de las redes sociales.


Su rol ha sido más de control político que de creación legislativa, pero tiene un proyecto "estrella":


Proyecto "Chao Pensiones de Privilegio": Logró liderar la iniciativa para eliminar las megaspensiones de los congresistas y altos funcionarios y aunque ha tenido un camino difícil y muchas trabas de sus propios colegas, es su gran bandera.


Reducción de salarios: Ha impulsado (junto a otros) el proyecto para reducir el salario de los congresistas, aunque este suele hundirse repetidamente.


Ahora, que podemos concluir de este creador de contenido que ya tiene un camino recorrido y que llegó a ocupar una silla en el congreso, en mi análisis, no mucho.


Su “impacto” y su resultado como congresista no ha sido precisamente por aparecer en la aprobación de proyectos de ley, sino en su canal de YouTube; cuando realiza distintas denuncias a sus colegas, video que si bien llega a millones de personas, como lector de este blog te pregunto,


¿Justifica seguir pagándole un sueldo tan elevado a una persona que solo hace denuncias las cuales las puede seguir haciendo a través de sus redes sociales? 


Algunos me cuestionaran pero peca igual el que solo hace “control” de sus colegas en el congreso como el que “va a calientar silla”.


Es por eso que como votante debemos cuestionarles a estos creadores de contenido hasta donde llega sus idealismos o el expresar en un video lo que millones de personas quieren escuchar, puesto que ya cuando están en su rol de congresistas se evidencia las verdaderas limitaciones del idealismo en política.


Entre tener una buena idea y lograr que se convierta en ley existe un camino largo, lleno de obstáculos políticos y negociaciones.


La política real no se mueve solo con buenas intenciones. También depende de alianzas, conocimiento institucional y capacidad estratégica.


Este fragmento refleja una de las preguntas centrales del debate actual: ¿qué ocurre cuando el creador de contenido se queda sin la base argumentativa y saca su mejor carta? es aquí donde 
la lógica del contenido digital entra al Congreso? 

En lugar de desaparecer, algunas prácticas propias de los creadores de redes sociales, en este caso el del congresista JP Hernandez, procede a registrar confrontaciones o convertir el conflicto en contenido.



Miguel Polo Polo y la política de la confrontación





Otro caso es el de Miguel Polo Polo, quien también llegó al Congreso con una base fuerte de seguidores en redes sociales.


Su presencia política ha estado marcada principalmente por posiciones muy polémicas y confrontaciones constantes.


Hasta ahora, su impacto legislativo ha sido limitado o casi nulo. Más allá de denuncias o debates mediáticos, no se ha caracterizado por impulsar proyectos de ley relevantes que hayan sido aprobados.


Esto muestra otra cara del fenómeno: la política convertida en espectáculo digital, donde la visibilidad y la polémica generan protagonismo, pero no necesariamente resultados legislativos.



Lalis y la contradicción del discurso político



Otro caso polémico es el de Daniela Beltrán Palomares, más conocida como Lalis.


A diferencia de otros influencers, ella sí ha estado vinculada al debate político desde hace años y tiene formación en el tema. 


Su presencia en redes sociales se ha caracterizado por una fuerte crítica a los gobiernos de derecha y por un discurso cercano a posiciones de izquierda.


Sin embargo, mi cuestionamiento surge, cuando ese discurso entra en contradicción con ciertos hechos, me explico, se han documentado múltiples contratos en los cuales “Lalis” ha suscrito con el gobierno de Gustavo Petro, lo que genera críticas por una presunta contradicción ética, dado que antes cuestionaba a influencers afines al gobierno anterior por recibir pagos públicos.



Y es que dicha información es pública, por ejemplo, en Colombia Compra Eficiente (2022-2023), firmó un contrato inicial por más de mil millones de pesos para asesorar la estrategia de Tik Tok y producción de contenidos, posteriormente, en enero de 2023, firmó otro contrato por 51 millones de pesos por 11 meses.


En el año 2025, se reportó su sexto contrato con el Estado, esta vez con el Ministerio de Relaciones Exteriores, por una suma millonaria para gestión de comunicaciones.


Y no conforme con lo anterior, se han realizado investigaciones a través de La Procuraduría General de la Nación la cual abrió una indagación preliminar en 2023 para identificar posibles irregularidades en estos procesos de contratación.



Entonces, aquí el verdadero asunto es, cambiar el discurso de acuerdo en la posición política que te encuentres, al final del día, ¿no se vuelve un poco incoherente cuando denuncias casos de la famosa "mermelada" ?


¿No sería más de lo mismo que tanto le criticamos a la política tradicional?


Pensaría que sí, el orden de los factores, al parecer no altera el resultado.


Por último, cuestionemos algo, más allá de si estos contratos son legales o no, eso lo determinarán las autoridades competentes, la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es otra:


¿Existe una contradicción ética entre el discurso contra la “mermelada política” y la participación en contratos estatales de alto valor?


Ese tipo de situaciones generan dudas legítimas sobre la coherencia entre el discurso político en redes sociales y la práctica real dentro del Estado.





Felipe Saruma y su salto a la política digital



Vemos otro caso muy controversial, la figura del influencer Felipe Saruma, un creador de contenido muy exitoso en redes sociales.


Su trabajo en producción audiovisual es innegablemente bueno y ha logrado posicionarse con temas como la salud mental.


Pero nuevamente surge la pregunta central de este fenómeno:


¿Tener una audiencia grande y producir buen contenido es suficiente para asumir la responsabilidad de legislar para todo un país?


Y no solo es esta pregunta la que debemos hacernos, ¿realmente el problema con este creador de contenido es el partido político o las maquinarias que lo respaldan?


Pensaría que no, el asunto va más allá de eso, el asunto importante acá es el mismo, ¿estará preparado Felipe Saruma en generar proyectos de ley y defenderlos o hacer el debido control político?


¿Podrá respaldar eficientemente cada voto que le dio cada uno de sus millones de seguidores? Para eso quizás aun no exista respuesta certera pero no podemos olvidar los casos de influencers que ya describimos más arriba.


No olvidemos que el Congreso exige conocimiento político, capacidad argumentativa, comprensión profunda del funcionamiento del Estado y una buena base argumentativa para que cada proyecto de ley que se presente no termine archivado y en el olvido.


Este fragmento refleja una de las preguntas centrales del debate actual: ¿Qué ocurre cuando el contenido digital entra al Congreso?  

El mundo digital premia la claridad del mensaje, la edición y la conexión con la audiencia, pero el Congreso, en cambio, es un espacio de confrontación constante, donde las ideas deben sostenerse en debate frente a otros actores políticos.

La narrativa del creador digital y la realidad del Congreso, mientras uno se construye frente a la cámara, el otro se define en medio del conflicto político y la confrontación de ideas.


La pregunta de fondo



Con todo lo anterior, debemos llegar a una reflexión más amplia.


La política colombiana necesita nuevos liderazgos, eso es evidente y necesario, pero esos liderazgos no deberían construirse únicamente desde el marketing digital, o el número de “likes” o de seguidores.


En muchos barrios, veredas y comunidades existen líderes sociales que llevan años trabajando por su gente con muy pocos recursos, Madres comunitarias, líderes barriales, gestores sociales que hacen enormes esfuerzos por mejorar la vida de otros.


Tal vez allí es donde encontramos una parte del liderazgo político que realmente necesita el país, porque si lográramos juntar estas iniciativas, estos ideales y todo lo protocolario de la política, valdría cada voto que les demos a estos personajes y estoy segura que su sueldo seria poco por todo lo que trabajan a favor del país.


Con esto no quiero satanizar completamente la política tradicional ni mucho menos a la política de la nueva era, no, pero si quiero que le demos la verdadera importancia a quien le damos nuestro voto para que decida los aspectos más importantes del país, que son las leyes que nos gobiernan como sociedad.


Igualmente tampoco podemos hacer a un lado a muchos congresistas con experiencia que han logrado impulsar leyes importantes precisamente gracias a su conocimiento del sistema legislativo.


Quizás el verdadero desafío sea encontrar un equilibrio.


Personas con compromiso social real, formación sólida y capacidad para moverse dentro de la compleja estructura política del Congreso.


Reflexión final



Las redes sociales cambiaron la política y eso es innegable, esto se agradece, porque hoy en día son una herramienta fundamental para comunicar ideas y acercarse a los ciudadanos.


Pero también pueden convertirse en un arma de doble filo.


Así como antes algunos políticos compraban votos con tamales o favores, hoy también puede existir una forma distinta de seducir votantes: la popularidad digital.


Por eso la pregunta que deberíamos hacernos al acercarnos a las urnas este 8 de marzo, la cual es simple pero profunda:


¿Queremos representantes preparados para legislar o simplemente figuras populares con millones de seguidores?


Porque al final, las decisiones que se toman en el Congreso no se miden en “likes”.


Se miden en leyes que afectan la vida de todo un país.


No debemos olvidar que la popularidad digital no necesariamente equivale a capacidad legislativa.




Mónica Lozada Alvarez | Opinión
¿Deberíamos darle la oportunidad a la forma de hacer política por la que nos ofrecen los creadores de contenido o influencers?
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Comentarios

  1. Buenas noches, a esta hora Polo polo se quemó Jp.hernandez si va pasando pero entraron otros como el señor biter con El partido liberal a la política influencers ,que si tienen buen contenido, en el caso del susodicho si canal se dedica a hablar de los planes estratégicos de seguridad vial y de igual manera de vehículos y seguridad, tips en la vía . Sin embargo, sería triste y vergonzoso ver como otros por ejemplo Nicolás Arrieta o el mal llamado dr bayter llegando a legislar o a dictaminar la forma de paradigmas y leyes de una nación. Quizá sea el caso latinoamericano, pero a largo plazo será la tendencia mundial. No tienen estudios y su contenido no es bueno , genera confusión antivalores en otros casos, y sería fatal verlos legislando. La falta de educación política así como económica de nuestro país es deprimente

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